Después de su ya inolvidable show ante River Plate, donde no solo vio la tarjeta roja sino que además decidió inaugurar un diccionario paralelo de insultos frente al árbitro Sebastián Zunino, el futuro de Marcos Rojo en Racing Club quedó, como mínimo, bastante… delicado.
El Tribunal de Disciplina no se anduvo con vueltas: cuatro fechas de suspensión. Traducido al idioma fútbol: justo cuando el equipo pelea por meterse entre los ocho, uno de sus referentes decide tomarse unas vacaciones forzadas. Dos de esas fechas caen en plena fase de grupos del Torneo Apertura, con la Academia mirando la tabla desde una posición poco cómoda. Timing perfecto.
Pero claro, el combo no termina ahí. Porque a la expulsión y los insultos se le suma aquella imagen sonriente junto a Cristian Medina tras la caída ante Botafogo por Copa Sudamericana. Nada dice “estoy comprometido” como reírse después de perder.

Desde el club aseguran que no hay chances de rescindir el contrato. Es decir, Rojo no se va… pero tampoco ayuda demasiado a quedarse bien. Mientras tanto, el vínculo vence en junio, y con cuatro fechas afuera y un equipo que todavía no aseguró playoffs, no sería raro que su despedida sea más desde la platea que desde la cancha.
Llegó a Racing a pedido de Gustavo Costas, con cartel de jerarquía y experiencia. Hoy, con 15 partidos, cero goles y dos expulsiones, el balance parece más inclinado hacia el rubro “anécdotas intensas” que hacia el rendimiento.
En Avellaneda no lo echan, pero claramente quedó en capilla. Y esta vez, sin margen para confesiones.

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