14 de febrero de 2026

UN AMOR INCONDICIONAL: EL TC

 

Volvió “La Máxima”. Volvieron a rugir los motores del Turismo Carretera y la cita obligada fue en El Calafate, donde se disputó la primera clasificación del año con 56 autos en pista. Sí, 56. En un circuito corto, pero con egos largos.

Con el debut de BMW —porque las siglas importan y mucho—, Julián Santero salió a pista para dar sus primeras vueltas oficiales y empezar a probar la marca dentro del TC. Historia pura… o al menos marketing bien aceitado.

Además, Diego Azar se viste de Mercedes-Benz para también quedar en los libros y convertir a la estrella alemana en la octava marca en formar parte de la mejor categoría de la Argentina. Como si al TC le faltara glamour europeo para terminar de convencerse de que ahora también habla alemán.

 

Otto Fritzler y Kevin Candela también manejarán un Mercedes-Benz y un BMW, respectivamente. Porque si vamos a modernizarnos, hagámoslo con catálogo importado completo.

 

Lo cierto es que la brecha generacional se abre cada vez más. Algunos ya no ven al TC como aquella categoría récord mundial que supo ser —orgullosamente criolla, visceral y con olor a taller de barrio—, sino como una categoría que camina hacia parecerse demasiado a otras del mundo. Más prolija, más global, más “correcta”.

Quizás el problema no sea que cambie, sino que cambie tanto que un día despertemos y nos preguntemos si ese rugido sigue siendo el mismo… o si ahora viene con acento extranjero y manual de instrucciones en tres idiomas.

Pero igual, cuando se apaga el semáforo, el corazón late igual. Porque el TC no se explica: se siente. Y eso —al menos por ahora— no se importa.

Alejandro Duarte

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