Hay noticias que no necesitan demasiadas palabras para explicar el vacío que dejan. La música popular argentina volvió a recibir un golpe con la muerte de José Luis “Pucho” Ponce, histórico bajista de Los Tekis, quien falleció a los 68 años.
La confirmación fue realizada por la propia banda a través de sus redes sociales, donde lo despidieron con un mensaje cargado de emoción, reconocimiento y gratitud.
Oriundo de Villa María, Córdoba, Ponce fue parte fundamental de Los Tekis desde 1995. Durante más de tres décadas acompañó el crecimiento de una de las agrupaciones más importantes y reconocidas del folclore nacional, poniendo su talento, personalidad y sensibilidad al servicio de cada escenario y de cada canción.
Pero hablar de “Pucho” solamente como bajista sería quedarse con una parte de su historia. Quienes compartieron camino con él también recuerdan su alegría, su creatividad y ese espíritu artístico que lo convirtió en mucho más que un integrante de una banda.
Los Tekis lo despidieron destacando precisamente esa esencia. Porque hay músicos que pasan por los escenarios y otros que consiguen quedarse en la memoria. Ponce pertenece, sin dudas, a estos últimos.
Su vínculo con el arte también encontró otra expresión en el dibujo, una pasión que retomó con mayor dedicación durante los últimos años y que se convirtió en otra parte de su legado.
Hoy se apaga una voz instrumental, pero no el sonido de una historia. Porque un bajista puede dejar de subir a un escenario, pero cuando sus notas quedaron atrapadas en cientos de canciones, ya no le pertenecen solamente a él: pasan a formar parte de la memoria colectiva.
“Pucho” Ponce se fue físicamente, pero seguirá apareciendo cada vez que suene una canción de Los Tekis, cada vez que un carnaval vuelva a encenderse y cada vez que alguien recuerde aquellos años de música, amistad y escenarios compartidos.
El folclore argentino despide a un músico. Los Tekis despiden a un compañero. Y quienes alguna vez disfrutaron de su arte despiden, simplemente, a un hombre que dejó su huella.
Porque algunas personas no se van del todo. Se quedan sonando.
ALEJANDRO DUARTE

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