A un mes del brutal ataque que convirtió a la Escuela “Mariano Moreno” en escenario de una tragedia difícil de digerir, la herida sigue tan abierta como el primer día. La comunidad de San Cristóbal todavía intenta entender cómo Ian Cabrera, de apenas 13 años, fue asesinado dentro de un lugar que, en teoría, debía ser seguro. Pero mientras el dolor sigue haciendo lo suyo, las novedades judiciales parecen ir por otro carril… uno bastante más desconcertante.
El autor del tiroteo, Gino C., de 15 años, fue declarado inimputable. Es decir: demasiado joven para responder penalmente, pero no para empuñar un arma. Actualmente está alojado en una institución especializada en Santa Fe, bajo tratamiento psiquiátrico y con ciertas restricciones. Todo muy ordenado, al menos en los papeles. Como la nueva ley de baja de imputabilidad recién entrará en vigencia en septiembre, el sistema no tiene mucho más que hacer… salvo, claro, evaluar que el adolescente podría retomar sus estudios de manera virtual en los próximos meses. Sí, estudiar. Como si el problema hubiera sido faltar a clases.
La noticia, lejos de traer algo de calma, reavivó la indignación de familiares y vecinos, que todavía están tratando de entender cómo se sigue después de algo así. Pero mientras tanto, la vida institucional intenta recomponerse: la Escuela Mariano Moreno reabre de a poco, con jornadas de contención, reflexión y convivencia. Palabras necesarias, aunque insuficientes frente a lo ocurrido.
Como si fuera poco, la Justicia todavía tiene pendiente definir la situación de otro adolescente, de 16 años, señalado como partícipe secundario en el ataque. Porque, claro, en esta historia tampoco faltan los “colaboradores”.
En San Cristóbal, la sensación es clara: nada volvió a la normalidad. Y probablemente no vuelva en mucho tiempo. Aunque, al parecer, algunos ya tienen asegurada su continuidad… al menos en el aula virtual.
ALEJANDRO DUARTE

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