16 de septiembre de 2026

PUERTO PIRAY: EL AGUA VUELVE A ENCENDER LAS ALARMAS Y LA EMERGENCIA HÍDRICA EXIGE RESPUESTAS

 

Hay momentos en los que la discusión política debe quedar definitivamente en segundo plano. Cuando está en juego algo tan básico como el agua que una familia abre de la canilla para beber, cocinar o higienizarse, ya no alcanza con discursos, explicaciones ni promesas: hacen falta respuestas.

En Puerto Piray, los resultados de las muestras tomadas por el Laboratorio de Calidad de Aguas de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM) vuelven a colocar a la problemática del agua en el centro de la escena.

El relevamiento, realizado el 7 de septiembre en los barrios San José y Las Marías, alcanzó puntos correspondientes a las dos redes municipales de abastecimiento. Y los análisis posteriores encontraron parámetros que, según lo informado, no se ajustan a los requisitos establecidos por el Código Alimentario Argentino para el agua destinada al consumo humano.

Los números también obligan a detenerse.

En los tres puntos analizados se registraron valores de turbiedad de 9,46 NTU, 3,23 NTU y 4,60 NTU. Además, las muestras presentaron cloro residual inferior a 0,2 mg/L y se informó la presencia de coliformes o bacterias.

Y acá aparece la pregunta que ya no puede ser esquivada:

¿QUÉ ESTÁ TOMANDO LA GENTE DE PUERTO PIRAY CUANDO ABRE LA CANILLA?

No es una pregunta menor. Tampoco debería convertirse en una pelea entre oficialismo y oposición.

Según lo informado, estos resultados aparecen después de más de tres meses de pedidos de acceso a la información y reclamos de medidas concretas por parte del bloque de concejales Juntos Podemos. Y llegan en un contexto todavía más delicado: el incremento de casos de gastroenteritis y el acampe de vecinos frente al edificio municipal reclamando respuestas.

La preocupación crece porque hablamos de una situación que afecta directamente a la población y, especialmente, a niños, adultos mayores y personas que puedan encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad.

El agua potable no debería ser un privilegio.

No debería depender de quién reclama más fuerte.

No debería convertirse en una disputa partidaria.

DEBERÍA SER UNA GARANTÍA.

Por eso, si un laboratorio universitario detecta parámetros que no cumplen con las condiciones exigidas para el consumo humano, las autoridades competentes tienen la obligación de explicar qué ocurrió, qué medidas se tomarán y en cuánto tiempo se solucionará.

Porque mientras los funcionarios discuten responsabilidades, las familias siguen abriendo la canilla.

Y ahí está el verdadero drama.

Puerto Piray necesita información pública, controles permanentes, resultados transparentes y medidas concretas. Si corresponde extender la emergencia hídrica, deberá analizarse con criterios técnicos y sanitarios. Pero lo que no puede extenderse indefinidamente es la incertidumbre de los vecinos.

EL AGUA NO PUEDE SER UNA INCÓGNITA.

La política puede esperar.

Las explicaciones partidarias pueden esperar.

Los cruces pueden esperar.

LA SALUD DE LA POBLACIÓN, NO.

Hoy Puerto Piray necesita que alguien asuma la responsabilidad institucional de mirar estos resultados de frente y actuar.

Porque cuando el agua deja de ser sinónimo de vida y comienza a convertirse en motivo de preocupación, la emergencia ya no es solamente hídrica: también es una emergencia de respuestas.

ALEJANDRO DUARTE