Durante años, la política misionera pareció girar alrededor de un solo nombre. Carlos Rovira era el arquitecto indiscutido de cada movimiento, el hombre que decidía quién subía, quién bajaba y quién simplemente desaparecía del tablero. Pero hasta los poderes que parecen eternos empiezan, tarde o temprano, a mostrar grietas.
Hoy, sin anuncios rimbombantes ni portazos, el oficialismo provincial atraviesa un reordenamiento tan silencioso como evidente. Mientras algunos todavía repiten que “nada cambió”, los hechos parecen empeñados en llevarles la contra.
El gobernador Hugo Passalacqua comenzó a ganar margen de maniobra sobre áreas que históricamente respondían al conductor de la Renovación. Cambios de funcionarios, decisiones estratégicas y el manejo de recursos dibujan un escenario distinto, donde la lapicera ya no parecería tener un único dueño.
No se trata, al menos por ahora, de una ruptura abierta. La política rara vez se mueve con estruendos; prefiere el desgaste lento, la pérdida gradual de influencia y las sonrisas protocolares que esconden disputas de poder. Rovira continúa siendo una figura central, pero la imagen de conductor absoluto empieza a parecerse más a un recuerdo que a una descripción de la realidad.
Porque en política el poder nunca queda vacío: simplemente cambia de manos. Y cuando todos juran que el liderazgo sigue intacto, suele ser precisamente el momento en que más vale preguntarse si el escenario ya cambió.
La incógnita ya no es si el oficialismo misionero atraviesa una nueva etapa. La verdadera pregunta es quién escribirá el próximo capítulo y quién tendrá, de verdad, la última palabra cuando llegue la hora de definir el futuro político de Misiones.
ALEJANDRO DUARTE

Más noticias
LA INFLACIÓN AL 1,9%: ¿VICTORIA ESTADÍSTICA O DERROTA EN EL CARRITO DEL SUPERMERCADO?
CHAU ENCUENTRO, HOLA DE NUEVO COMPAÑEROS: EL INTENDENTE DE PUERTO RICO PEGA EL PEGAJOSO RETORNO A LAS RAÍCES
PASSALACQUA PONE EN MARCHA “MOVIMIENTO POR LO QUE VIENE”: EL OFICIALISMO CAMBIA EL NOMBRE, PERO NO LAS MAÑAS