28 de mayo de 2026

RIVER “APLASTA” A UN GIGANTE DEL FÚTBOL MUNDIAL Y SE CLASIFICA CON LO JUSTO ANTES DE QUE SE CORTE EL LUZ

 

River, en un despliegue de fútbol que seguramente envidiaría el Barcelona de Guardiola, logró dominar desde el vestuario a Blooming. El temible coloso boliviano llegaba con el impresionante pergamino de ser el último cómodo de la zona. Al conjunto argentino le alcanzaba con un tristísimo empate para clasificar primero, así que salieron a devorarse al rival con el frenesí de quien tiene que rendir un examen final sin haber estudiado. Antes de los 10 minutos, el árbitro inventó un penal más que polémico sobre Tomás Galván. Por suerte para la justicia divina, el VAR estaba ocupado tomando un café y no intervino. Maximiliano Salas, con la puntería afinada de un stormtrooper de Star Wars, estrelló el remate en el palo para mantener la emoción en cero.El primer tiempo fue un verdadero poema al bostezo, tanto que la hinchada despidió al equipo con una ensordecedora sinfonía de silbidos amorosos camino al descanso. En el complemento, River se acordó de que cobraba en dólares y salió decidido a cambiar la pobrísima imagen. Lucas Martínez Quarta, jugando de defensor, mediocampista, delantero y casi de director técnico, lideró al equipo desde el fondo ante los tímidos ataques rivales. Finalmente, el central habilitó a Maxi Salas, quien tuvo su ansiada revancha y empujó la pelota para destrabar un partido que ya parecía una tortura medieval.A los 23 minutos del segundo tiempo, el árbitro volvió a apiadarse y cobró otro penal para River. Como Salas ya había demostrado su “destreza” desde los doce pasos, Fausto Vera tomó la responsabilidad y pateó con la precisión que le faltó a su compañero para poner el 2 a 0. Con un Blooming completamente entregado y pidiendo la hora para no perder el vuelo de regreso, Lucas Silva cerró la “goleada histórica” con un bombazo desde afuera del área. Un 3 a 0 definitivo que sirve para tapar el sol con la mano y maquillar un rendimiento que dejó más dudas que certezas.

ALEJANDRO DUARTE