La incertidumbre se apodera de decenas de familias en Azara. El aserradero Linor, con casi 20 años de trayectoria, atraviesa una situación tan “sólida” que los trabajadores aseguran que las máquinas desaparecen más rápido que las respuestas de la empresa.

Mientras los empleados hacen vigilia para defender su fuente laboral, crecen las denuncias por un presunto vaciamiento. Según relatan, la gerencia habría retirado equipos esenciales, dejando una postal perfecta del manual empresarial: “si se hunde el barco, primero salvemos las máquinas”.
La angustia y la desesperación golpean de lleno a las familias que dependen del aserradero. Porque claro, para algunos quizás sea solo una empresa en crisis… pero para muchos trabajadores significa la comida en la mesa, las cuentas sin pagar y el futuro pendiendo de un hilo.
La comunidad de Azara sigue esperando explicaciones concretas y soluciones urgentes, aunque por ahora parecería que el único plan visible es hacer desaparecer todo… menos el problema.
ALEJANDRO DUARTE

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