11 de abril de 2026

TRAGEDIA EN LA COSTANERA: DOS AÑOS DE UNA HERIDA QUE POSADAS TODAVÍA NO LOGRA CERRAR

TRAGEDIA EN LA COSTANERA: DOS AÑOS DE UNA HERIDA QUE POSADAS TODAVÍA NO LOGRA CERRAR

Este 11 de abril no es una fecha más. Es el recordatorio de un golpe brutal que sacudió a toda Posadas y que, aún hoy, sigue latiendo como una herida abierta imposible de ignorar.

Aquella tarde de 2024, cuando el reloj apenas pasaba las 13:30, cinco adolescentes viajaban en un Peugeot 207 rumbo a una clase de educación física. Era una rutina más, un día cualquiera… hasta que dejó de serlo. En cuestión de segundos, la velocidad —más de 93 kilómetros por hora— transformó lo cotidiano en tragedia. Al ingresar a una rotonda en la Costanera, el conductor, Tomás Mieres, de 17 años, perdió el control del vehículo. El auto derrapó, impactó contra una camioneta estacionada y terminó volcando en una escena de violencia imposible de dimensionar.

El silencio que siguió fue apenas el inicio del dolor.

Luca Ceballos y Juan Cruz Martínez, junto a otro de los ocupantes, fueron trasladados de urgencia al hospital Ramón Madariaga, gravemente heridos. Durante seis días, la ciudad entera contuvo la respiración. Hubo cadenas de oración, abrazos interminables, esperanzas que se aferraban a cualquier señal. Pero el desenlace fue tan cruel como inevitable.

El 17 de abril por la mañana, con apenas minutos de diferencia, ambos adolescentes murieron. Sus cuerpos no resistieron las secuelas devastadoras del impacto. Y en ese instante, Posadas entera sintió que algo se quebraba para siempre.

La Justicia avanzó, sí. La causa fue caratulada como “doble homicidio culposo y lesiones culposas graves en accidente de tránsito en concurso ideal”. El conductor recibió una condena de tres años de prisión en suspenso y diez años de inhabilitación para conducir. Un fallo que, para muchos, nunca estuvo a la altura del dolor causado.

Pero hay cosas que ninguna sentencia puede reparar.

En el colegio Santa María, donde asistían Luca y Juan Cruz, el vacío se volvió parte del aula. Compañeros, docentes y familias tuvieron que aprender a convivir con la ausencia, con los bancos vacíos, con los proyectos truncos. Incluso hubo tensiones cuando el propio conductor intentó volver a clases, reabriendo heridas que nunca terminaron de cerrar.

La ciudad también cambió. Donde antes no había controles ni advertencias, hoy hay reductores de velocidad. Medidas que llegaron después, cuando ya era demasiado tarde para evitar lo que pasó.

Porque a veces las tragedias no solo se llevan vidas. También dejan preguntas sin respuesta, culpas compartidas y una sensación insoportable: la de saber que todo pudo haberse evitado.

Dos años después, la Costanera ya no es la misma.

Y Posadas tampoco.