Festejando sus 50 años casi al tiempo que el árbitro pitaba el final de este largo y por momentos poco vistoso amistoso en Maldonado, Marcelo Gallardo sabe que deberá pedir algún deseo más que los tres que son costumbre a la hora de soplar las velitas. Porque ante Peñarol, en la última prueba de la pretemporada, es probable que le hubiera gustado tener la máquina bastante más aceitada cuando apenas seis días lo separan del estreno en el Torneo Apertura.

En este 0-0 con triunfo por penales anecdótico a fin de cuentas, es tan cierto que se observó un progreso macro con respecto al caótico 2025 (algo que tampoco era tan complicado) como que todavía faltan ajustar algunas tuercas dentro de la formación para que el juego fluya de una manera distinta. Al equipo, en definitiva, le costó mucho tener profundidad, algo que recién ganó con el cuádruple cambio a los 17′ del segundo tiempo: en ese mediocampo de Vera-Moreno-Castaño, evidentemente no pueden convivir los tres juntos.
Es que, en mayor o menor medida, es alinear a tres volantes centrales. Y el orden, tenencia y prolijidad para los pases que aporta esta variante tiene como contrapeso la escasa verticalización de cada posesión y lo poco que siente cada uno pisar el área. El que hoy parece tambalear en su lugar es el colombiano, de mal y muy errático partido, quien quedó en un intermedio constante: impreciso, en una ocasión le quedó una pelota para correr con ventaja de frente al área, pero se nubló de tal manera que terminó diluyendo el ataque con un toque al costado.

Lo poco que mostró él se contrastó con el auspicioso estreno de Aníbal, bien parado, correcto en las entregas, con mucho despliegue para marcar y en buena sintonía con Fausto. Entre los dos refuerzos mostraron atisbos de entenderse bien, incluso cuando esta en Uruguay fue la primera vez que compartieron cancha (cuando Moreno se metía entre los centrales, Vera automáticamente iba de 5).
Pero esa construcción lenta no tuvo punch, chispa, explosión. Juanfer Quintero aportó una sola buena aparición (esa habilitación a Viña) y después le costó encontrar un socio, que no pudieron ser ni Driussi (lejos del área) ni Colidio (deberá ser más punzante y decisivo para ganarse un puesto en este 4-3-3). Quizás, a futuro, ese partenaire para generar juego ofensivo sea el tercer volante: ahí, Tomi Galván, con otro ingreso con ganas, demostró que pretende pelear por ser considerado por el Muñeco y mostrar el buen nivel de Vélez
En esa línea, Ian Subiabre fue el que mejor aprovechó su casi media hora en este clásico sudamericano que por momentos tuvo pierna fuerte (el campo, en mal estado, no ayudó al juego fluido por abajo): en un mercado en el que Gallardo buscó y busca un extremo regateador y desequilibrante, el chico entró a pura gambeta y fue el que generó las chances más claras de un equipo que casi no inquietó.
Sí, el Muñeco tiene varios deseos que pedir cuando sople las 50 velitas este domingo. Quizás, deban ser más que tres

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