10 de abril de 2026

“QUE SE VAYAN TODOS”

 

Comodoro Rivadavia arde en una angustia que ya no encuentra consuelo. La muerte de Ángel, un nene de apenas 4 años, sigue envuelta en un misterio que duele… y que indigna. Todo apunta, presuntamente, a quienes debían protegerlo: su madre biológica y su padrastro.

Pero la tragedia no termina ahí. Porque cuando empiezan a conocerse los detalles, el horror se vuelve todavía más insoportable. La intervención —o la falta de ella— de la psicóloga Jennifer Leiva, señalada por su trato hacia el padre de Ángel cuando intentó recuperar a su hijo, abre una pregunta incómoda: ¿quién cuida a los que deberían cuidar?

Mientras tanto, la ciudad habla… y grita. Vecinos movilizados marchan hacia la fiscalía, unidos en un reclamo que no necesita explicación: “QUE SE VAYAN TODOS”. Y como un eco que retumba en cada esquina, una consigna atraviesa el dolor colectivo: “JUSTICIA POR ÁNGEL”.

La angustia crece, pero la bronca crece más. Porque para muchos, esto no fue solo una tragedia: fue una tragedia anunciada. Y entonces aparecen los nombres, los cargos, las responsabilidades que nadie quiere asumir. La fiscal, la psicóloga, el juez de familia… todos bajo la lupa de una sociedad que ya no cree en casualidades.

Porque cuando lo evitable ocurre igual, deja de ser destino… y empieza a parecerse demasiado a abandono.

Y en medio de tanto silencio institucional, una multitud grita lo que muchos prefirieron callar. Porque a veces la justicia llega tarde… y otras veces, simplemente, no llega.

ALEJANDRO DUARTE