En el mítico programa fierrero de los lunes por la noche, “Última Vuelta”, el reconocido piloto de Turismo Carretera y Turismo Nacional —campeón en ambas categorías— lanzó una frase que encendió la mecha del debate generacional entre los amantes del automovilismo argentino.
La charla en la mesa estaba enfocada en cómo mejorar el espectáculo del TC. La palabra mágica era “carga aerodinámica”, ese concepto que suena técnico, moderno y, sobre todo, políticamente correcto. Pero Julián Santero decidió pisar el acelerador dialéctico.
Ante la consulta del periodista especializado y compañero de mesa, Juan Siciliano, sobre por qué el TC de los 90 era mejor en términos de espectáculo, Santero respondió sin levantar la voz, pero sí la temperatura:

—¿El TC de los 90 tenía distintos motores, se pasaban en las rectas y además se pegaban con todo lo que tenían, sin escrúpulos?
Siciliano, oliendo combustible en el ambiente, fue un poco más a fondo:
—¿Pero no te parece que la gente que paga una entrada quiere ver que ustedes también se pasen? Los toques también formaban parte del espectáculo.
Y ahí llegó la frase que hoy recorre boxes, tribunas y grupos de WhatsApp:
—Eso era de amateur. Para eso están los zonales, no el TC.
Silencio. Y después, explosión.
Porque decir que el TC de los 90 era “amateur” es como decir que el asado de antes era improvisado porque se hacía con leña. Automáticamente, fanáticos de Juan María Traverso y de Luis Rubén Di Palma salieron con el paragolpes de punta contra “El Mendocino Volador”. Para muchos, aquella era romántica —de motores distintos, sobrepasos al límite y algún que otro roce con historia propia— no era amateurismo: era carácter.
Santero, intentando acomodar el alerón de sus declaraciones, aclaró después:
—Comparado con el desarrollo tecnológico que tenemos hoy, eso era casi amateur.

El “casi” llegó tarde. Cuando el auto ya está cruzado, no hay telemetría que lo salve.
Lo cierto es que el debate está planteado: ¿más tecnología es igual a mejor espectáculo? ¿O el público todavía extraña esa cuota de desprolijidad épica que convertía cada recta en un duelo personal?
Mientras tanto, el TC sigue girando. Y como siempre, el show no está solo en la pista.
ALEJANDRO DUARTE

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