8 de abril de 2026

El misterio del eucaliptal: ¿Agresión brutal o leyes de la física creativas?

 

Murió “Caí” y, con su partida, se activa ese fascinante protocolo judicial donde lo obvio necesita ser certificado por triplicado. Tras agonizar varios días en el Hospital SAMIC, la víctima finalmente sucumbió, dejando a los investigadores en un mar de dudas existenciales que solo una autopsia —esperemos que más veloz que la burocracia promedio— podrá disipar.

La teoría de la “caída inoportuna”

Lo más pintoresco del caso es la cautela del Juzgado de Instrucción N.º 3. Mientras el sentido común sugiere que encontrar a una persona inconsciente y destrozada en un descampado huele a brutalidad, la Justicia prefiere mantener el suspenso cinematográfico. La autopsia será la encargada de determinar si estamos ante:

Una agresión directa: Esa hipótesis loca que sugiere que alguien la golpeó.

Una caída violenta: Porque, al parecer, existe la remota posibilidad de que los pasillos del eucaliptal tengan la mala costumbre de saltar sobre la gente y golpearles el rostro hasta dejarlos en estado crítico.

Circunstancias no esclarecidas: El cajón de sastre favorito para cuando no se quiere señalar lo que todos ya saben.

Entre la reserva y el olvido

“Caí” fue hallada el 2 de abril, tirada en el suelo de una reserva municipal, un lugar ideal para que la justicia se tome su tiempo analizando si el aire de Iguazú es particularmente pesado o si, efectivamente, la violencia de género y el odio tienen algo que ver.

Por ahora, el expediente se mueve con la parsimonia de quien cree que la verdad va a aparecer por arte de magia entre los árboles, mientras el imputado —si es que alguien se digna a buscarlo con ganas— seguramente agradece que, para el Juez Brites, las heridas graves todavía puedan ser producto de un “accidente” del destino.

Al final, en la tierra de las cataratas, lo único que cae con fuerza y sin dudas es el peso de la indiferencia judicial.