1 de marzo de 2026

EL BÚFALO GANA TERRENO EN LAS PARRILLAS MISIONERAS

El aumento sostenido del precio de la carne vacuna en todo el país está logrando lo que parecía imposible: que el misionero mire al costado del mostrador y diga “¿y eso qué es?”. Así, en medio del festival de precios del asado tradicional, el búfalo empieza a ganar protagonismo. Porque cuando la vaca se vuelve un lujo, cualquier primo lejano empieza a parecer simpático.

Con un valor proteico similar al de la carne bovina y un precio hasta un 40% más bajo, el búfalo ya no es una excentricidad rural sino una alternativa concreta. Básicamente, ofrece casi lo mismo… pero sin hacer llorar tanto al bolsillo.

Lucas Torres, vendedor de una carnicería posadeña, confirmó la tendencia “La carne de búfalo es un 40% más económica que la carne bovina”, explicó, dejando en claro que el argumento más convincente no es gourmet ni ideológico: es matemático.

Según Torres, la difusión del producto ocurre de manera orgánica. “El boca a boca nos ayuda mucho. La gente tiene un poco de incertidumbre, pero al probar se da cuenta de que es más saludable y con menos grasa”, señaló. Traducción: primero desconfían, después preguntan, finalmente vuelven. Porque cuando el asado rinde más, el miedo desaparece rápido.

El referente del sector aseguró que las similitudes con la carne vacuna facilitan su aceptación. “Es el mismo sabor y textura, pero mucho más magra que la carne bovina”, explicó. Es decir, no hace falta un curso intensivo para cocinarla ni una terapia para asumir que no es vaca.

En cuanto a sus cualidades nutricionales, el búfalo ofrece carne magra, sin grasa intramuscular, con mayor contenido proteico y menos colesterol. Una combinación que suena casi demasiado buena para un contexto donde lo habitual es pagar más por menos.

Los cortes se comercializan igual que los tradicionales: hay vacío, milanesas, costeletas y todo lo necesario para que la parrilla no entre en crisis de identidad. La diferencia está en el precio y en la composición. Y, claro, en el pequeño detalle de que no dice “vaca” en la etiqueta.

En un escenario donde la carne vacuna parece cotizar en bolsa, el búfalo deja de ser una curiosidad y se convierte en estrategia. No será romántico, no tendrá el marketing histórico del asado criollo, pero cumple con algo esencial: alimenta y no desfinancia.

Así, entre aumentos constantes y bolsillos cada vez más flacos, el búfalo avanza en carnicerías y mesas misioneras. Porque cuando la economía aprieta, hasta el paladar se vuelve pragmático.

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