29 de marzo de 2026

DOMINGO DE RAMOS MISIONERO

La Pasión según el Presupuesto: ¿Cristiana o Renovadora?
​El Domingo de Ramos marca el inicio de la Semana Santa para la fe cristiana, un momento de profunda reflexión familiar. Pero, aterrizando en este plano terrenal —donde los milagros suelen ser contables y no espirituales— la “semana mayor” de la política Provincial empezó hace rato, y las evidencias son tan observables que hasta un ciego las vería (aunque algunos prefieren mirar para otro lado con anteojos de sol importados).
​Hoy es Domingo de Ramos. Según las escrituras, Jesús entraba al pueblo donde, en tres días, sería entregado por los mismos que hoy le tiraban flores. Basados en este guion milenario, hay alguien en la “Tierra Colorada” que también está viviendo su propia procesión hacia el calvario. Claro, a diferencia del Redentor, aquí nadie se atreve a pronosticar una resurrección al tercer día; después de 26 años de “reinado” —casi rozando los 33 de Cristo— parece que el frente político ya se está probando la corona de espinas. O al menos, eso es lo que se lee entre las facturas y los expedientes.
​Escándalo tras escándalo, nos ofrecen un vía crucis moderno: funcionarios con una creatividad asombrosa para la “estafa pública”, otros que intentan crucificar el buen nombre ajeno solo por la osadía de pensar distinto, y algunos cuyos viajes al exterior son un misterio logístico y financiero digno de un estudio del Vaticano. Esta Semana Santa no solo promueve la fe, sino la agonía de un proyecto político que parece estar en las últimas estaciones de su pasión.
​Después de tanto tiempo, quizás no podamos darlos por crucificados todavía —tienen una piel más dura que la madera de la cruz— pero de que están viviendo su propia tortura, no hay duda.
​La gran diferencia con la pasión de hace 2026 años es la brújula. Aquella tenía un destino de redención; esta es un vehículo sin frenos, sin luces y, lo peor de todo, sin GPS. Es una crisis de identidad donde no saben a dónde van, pero el peso de la cruz (esa que cargamos todos los que habitamos este suelo) es cada vez más difícil de llevar. Hoy no hay rumbo, no hay a quién creerle, y los “apóstoles” están más ocupados viendo cómo zafar del juicio que en predicar alguna buena nueva.
​Así que, en estos días de reflexión, la invitación es simple: elijan bien qué pasión van a vivir. ¿La cristiana, que promete vida eterna, o la renovadora, que parece prometernos el entierro de nuestra paciencia?
​Alejandro Duarte