31 de agosto de 2026

SIMPLEMENTE, GRACIAS CAPITÁN

Hay capitanes que llevan una cinta en el brazo. Hay otros que, con el paso del tiempo, terminan llevándola en el corazón de todo un país. Y si hablamos de capitanes de la Selección Argentina con historia, sin dudas hay un apellido que quedará marcado a fuego en la retina y en la memoria de millones de argentinos: Messi.

Lionel Andrés Messi anunció en sus redes sociales su retiro de la Selección Argentina y, con esas palabras, parece ponerle punto final a una historia de más de 20 años. Una historia que fue una verdadera montaña rusa de emociones: ilusión, dolor, frustración, lágrimas, renuncias, críticas, redención y, finalmente, gloria.

Todo comenzó en Alemania 2006. Era el sueño de un niño que empezaba a hacerse realidad. Un joven que aparecía en la escena mundial con la camiseta celeste y blanca y que, cuatro años después, en Sudáfrica 2010, parecía abrazarse simbólicamente con Diego Maradona. Muchos quisieron ver allí una señal. Una profecía. El heredero del más grande comenzaba a escribir su propia historia.

Pero el fútbol, muchas veces, es cruel.

Las finales se hicieron esperar. Y cuando finalmente llegó una, en Brasil 2014, el golpe fue todavía más profundo. Messi y Argentina quedaron a un paso de la gloria. El Maracaná fue escenario de un desamor que dolió como pocos. Después vendrían más finales perdidas, más críticas, más cuestionamientos y una renuncia que parecía anunciar el final de una historia que todavía tenía capítulos por escribir.

Pero Messi volvió.

Regresó para Rusia 2018 y volvió a ponerse la camiseta argentina. Los resultados, sin embargo, continuaban sin acompañar. La selección atravesaba una de sus épocas más difíciles y parecía necesitar algo más que un cambio de nombres.

Entonces apareció Lionel Scaloni.

Llegó el recambio generacional. Se fueron algunos nombres, aparecieron otros y, en medio de esa transformación, Messi encontró finalmente una selección que también podía sostenerlo a él.

Y entonces ocurrió lo que durante tantos años parecía imposible.

Cinco finales. Cuatro títulos.

Dos Copas América. Una Finalissima. Dos finales del mundo. Y una Copa del Mundo.

Qatar 2022 fue el punto más alto. El momento en que aquella historia que durante años parecía destinada a terminar en frustración encontró su final perfecto. Messi levantó la Copa del Mundo y, con ella, cerró una herida que parecía imposible de cicatrizar.

El amor por Lionel Andrés Messi se rompió alguna vez. Se quebró con las derrotas, con las críticas y con aquella renuncia. Pero se recompuso. Y terminó convirtiéndose en algo todavía más grande.

Hoy, ese niño que alguna vez soñó con jugar para Argentina parece despedirse.

Y cuesta.

Cuesta imaginar la Selección Argentina sin ese número 10. Sin esa zurda. Sin esa mirada antes de un partido. Sin el brazalete de capitán. Sin esperar que, en algún momento, Lionel haga algo que solamente Lionel puede hacer.

Quizás el fútbol continúe. Seguramente vendrán otros jugadores, otros capitanes y otras generaciones. Pero hay historias que no se reemplazan.

La de Messi con Argentina es una de ellas.

Porque hubo dolor. Hubo lágrimas. Hubo derrotas. Hubo críticas. Hubo momentos en los que parecía que el sueño nunca iba a cumplirse.

Pero también hubo gloria.

Y cuando miremos hacia atrás, cuando pasen los años y alguien pregunte quién fue Lionel Messi para la Selección Argentina, probablemente no alcance con hablar de goles, títulos o estadísticas.

Habrá que hablar de emociones.

De un país entero sufriendo y festejando detrás de un hombre.

De un capitán que nunca dejó de intentarlo.

Por eso hoy, más que despedirlo, solamente queda hacer una cosa.

Pararse.

Aplaudir.

Y decir, con el corazón apretado y los ojos llenos de recuerdos:

GRACIAS TOTALES, CAPITÁN.

GRACIAS POR TODO, LEO.

GRACIAS POR HACERNOS CREER.

GRACIAS POR HACERNOS CAMPEONES.

SIMPLEMENTE, GRACIAS.

ALEJANDRO DUARTE