La posibilidad de instalar un nuevo peaje sobre la Ruta Nacional 12, en Puerto Rico, encendió una luz de alarma en Misiones. Y no es una preocupación menor: detrás de una nueva estación de cobro hay una realidad cotidiana que golpea directamente a quienes necesitan transitar todos los días para trabajar, estudiar, producir, comerciar o simplemente trasladarse.
El gobernador Hugo Passalacqua expresó su profunda preocupación frente al proyecto de la Etapa III de la Red Federal de Concesiones, que contempla cinco estaciones de peaje en el denominado Tramo Noreste: Ituzaingó, en Corrientes, y Santa Ana, Puerto Rico, Colonia Victoria y Fachinal, en territorio misionero.
La incorporación de Puerto Rico es la que genera mayor inquietud. Porque allí no se trata solamente de colocar una cabina y cobrar una tarifa. Se trata de agregar un nuevo costo a una ruta utilizada diariamente por miles de misioneros y que conecta a trabajadores, estudiantes, productores, comerciantes y transportistas con localidades como Capioví, Garuhapé y Ruiz de Montoya.
En un contexto económico complejo, cada nuevo gasto pesa. Y para quienes deben utilizar la Ruta 12 todos los días, el peaje no sería un pago ocasional: podría convertirse en una carga permanente sobre el bolsillo familiar y sobre los costos de producción y transporte.
Passalacqua fue contundente al reclamar que la medida sea revisada. “En un contexto difícil para todo el país, resulta inaceptable imponer una traba más a quienes trabajan, estudian, comercian y producen”, expresó.
La discusión de fondo vuelve a ser inevitable: si las rutas son, como señaló el gobernador, “las arterias del desarrollo de las provincias”, entonces la prioridad debería estar puesta en garantizar rutas seguras, mantenimiento, infraestructura e inversión.
Porque una ruta deteriorada ya representa un problema. Una ruta sin mantenimiento y, además, con nuevos costos para quienes la utilizan, puede convertirse en una verdadera barrera económica.
Misiones necesita conectividad para crecer, no obstáculos para circular. Necesita infraestructura que acompañe al trabajador, al estudiante, al productor y al comerciante, no nuevas cargas que terminen transformándose en otro golpe silencioso al bolsillo.
El pedido del gobernador es, en definitiva, un llamado a revisar una decisión que podría tener consecuencias concretas en la vida cotidiana de miles de misioneros.
Y la pregunta queda instalada: ¿se pretende mejorar las rutas para impulsar el desarrollo o simplemente cobrar por transitar mientras las familias siguen haciendo malabares para llegar a fin de mes?
En Misiones, la preocupación ya está planteada. Ahora resta saber si desde Nación habrá escucha, reflexión y, sobre todo, una decisión que tenga en cuenta la realidad de quienes todos los días necesitan recorrer la Ruta 12 para vivir y trabajar.
ALEJANDRO DUARTE

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