3 de agosto de 2026

PROMESAS DE CEMENTO, INFANCIAS EN EL ABANDONO

La frase “los chicos son el futuro” se repite una y otra vez en discursos oficiales, actos escolares y campañas políticas. Sin embargo, en el barrio San Lorenzo de Montecarlo esa expresión parece haberse convertido en una cruel contradicción.

Allí funciona la Escuela N.º 773, una institución que depende del Consejo General de Educación y que hace ya dos años espera la finalización de un nuevo edificio que alguna vez fue presentado como una obra destinada a brindar seguridad, comodidad y mejores condiciones para toda la comunidad educativa. Hoy, aquella promesa quedó sepultada bajo el polvo de una construcción abandonada.

Mientras tanto, los alumnos continúan asistiendo a clases en el quincho prestado por una capilla del barrio. Es decir, no fue el Estado quien garantizó el derecho a la educación, sino la solidaridad de una iglesia que abrió sus puertas para que los chicos no se quedaran sin un lugar donde aprender.

Pero la situación va mucho más allá de la incomodidad. Las familias, cansadas de esperar respuestas, decidieron acampar frente a la escuela para exigir que la obra se termine de una vez por todas. Lo hacen porque sienten que ya no les queda otra alternativa. Porque mientras ellos reclaman, sus hijos siguen pagando las consecuencias del abandono.

Las madres relatan una realidad que estremece. Durante el año pasado, los estudiantes soportaron el frío, el calor, la lluvia y el sol en un quincho completamente abierto. Hoy cuentan con algunas paredes, pero las condiciones siguen siendo insuficientes para desarrollar normalmente las clases.

Aún más grave resulta la denuncia sobre problemas sanitarios. Según contaron, varios alumnos regresaron a sus hogares con intensas lesiones en la piel y, tras ser atendidos en el hospital, les diagnosticaron sarna transmitida por perros infectados. También aseguran que en el lugar aparecieron ratas, favorecidas por una obra inconclusa que permanece abandonada desde hace demasiado tiempo.

La pregunta surge sola y duele formularla: ¿dónde están quienes tienen la obligación de cuidar a nuestros niños?

Mientras buena parte de la dirigencia política provincial parece concentrar sus energías en disputas de poder, recorridas, discursos y estrategias electorales, en un barrio de Montecarlo hay chicos estudiando en condiciones indignas, expuestos al frío, a enfermedades y a una incertidumbre que nunca debería formar parte de la infancia.

Esta realidad deja al descubierto una dolorosa contradicción. Se promocionan con orgullo escuelas de innovación, modernización educativa y avances tecnológicos, mientras en el interior de la provincia todavía existen establecimientos inconclusos, familias acampando para reclamar algo tan básico como un edificio escolar y alumnos que deben aprender en un espacio improvisado.

Cuando una obra educativa queda abandonada, no se detiene solamente una construcción. También se paralizan oportunidades, se posterga el futuro y se vulnera uno de los derechos más elementales de cualquier niño: estudiar en un lugar digno y seguro.

Porque el futuro no se construye con discursos ni con inauguraciones anunciadas. Se construye con hechos. Y hoy, en la Escuela N.º 773 de Montecarlo, los hechos muestran una realidad que avergüenza.

Si los chicos realmente son el futuro, entonces el Estado está llegando demasiado tarde.

ALEJANDRO DUARTE