¿Hasta dónde vamos a llegar? ¿Qué clase de monstruosidad estamos permitiendo que ocurra al lado de nuestras casas? Una noticia desgarradora, de esas que te congelan la sangre y te parten el alma en mil pedazos, sacude hoy las entrañas de nuestra provincia. Una indefensa criatura, un ángel de apenas 45 días de vida nacido en Montecarlo, se debate en una realidad de pesadilla: su frágil y pequeñísimo cuerpo dio positivo para cocaína en un examen toxicológico. ¡Una bebé que apenas conoce el mundo ya lleva el veneno de los adultos en las venas!
El calvario comenzó a salir a la luz en el Hospital SAMIC de Eldorado, donde la pequeña ingresó de urgencia el pasado 6 de junio derivada desde su localidad natal. Lo que parecía una internación de observación médica se transformó en un grito de espanto cuando los estudios complementarios del Servicio de Pediatría confirmaron lo impensable, lo inhumano: la presencia de la maldita droga en su organismo.
¡El veneno corría por el cuerpo de un ángel que ni siquiera sabe lo que es defenderse!
El nivel de desesperación y desidia es tal que roza la locura. Mientras los médicos, horrorizados ante el diagnóstico, disponían la permanencia absoluta de la niña para monitorearla y contener los terribles e impredecibles síntomas de un síndrome de abstinencia en un lactante, el peligro no cesó. En un acto de total desprecio por la vida, la madre se escapó del hospital llevándose a la bebé desprotegida, escoltada por un hombre y desafiando toda autorización médica. ¡Una fuga desesperada que obligó a una persecución policial para salvarle la vida a la menor!
¿Dónde está el límite de la piedad?
Afortunadamente, tras activar los protocolos de máxima urgencia para la protección de derechos, las autoridades lograron arrebatar a la pequeña de las garras del peligro. Hoy, la bebé permanece refugiada en el Hogar de Niños de Montecarlo. Allí, entre cuatro paredes que intentan darle el amor que el mundo exterior le negó, recibe resguardo mientras la justicia y la administración avanzan a paso lento, tratando de descifrar cómo una vida que recién empieza fue condenada a semejante tortura.
La pregunta que nos quema el pecho y nos llena de una angustia intolerable es: ¿Cómo permitimos que una recién nacida sea expuesta a semejante infierno? Las autoridades siguen investigando las circunstancias de este horror, pero el daño ya está hecho. El llanto de esa bebé en Montecarlo es el reflejo de una sociedad que está tocando fondo.
ALEJANDRO DUARTE

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