La localidad de 9 de Julio parece estar atravesando una curiosa experiencia social: comprobar hasta dónde puede llegar la paciencia de los vecinos cuando el Estado decide tomarse vacaciones… permanentes.
La semana pasada te contábamos sobre el famoso puente en malas condiciones que, ante la ausencia total del municipio, terminaron reparando los propios vecinos. Sí, los mismos vecinos que pagan impuestos. Como las reuniones, promesas y gestiones no dieron resultado, los privados tuvieron que tomar la posta. Una especie de “hágalo usted mismo” versión infraestructura pública.
Pero lejos de tratarse de un hecho aislado, parece que el puente era apenas una muestra del panorama general. Porque hoy toca hablar del estado deplorable de las calles. A esta altura del siglo XXI, algunas parecen más bien un experimento arqueológico para estudiar cómo eran los caminos antes del asfalto. Quién sabe… tal vez pronto los vecinos también tengan que organizarse para pavimentar. Total, ya están entrenados.

Y por si algo faltaba, también está el tema del alumbrado público. Una localidad gobernada hace 16 años por la misma persona: Rubén Kobler. En todo este tiempo hubo progreso, claro que sí… al menos para algunos sectores muy específicos. Por ejemplo, la calle que conduce a su mansión luce más iluminada que buena parte de 9 de Julio. LED no faltan allí. En el resto del pueblo, en cambio, parece que se apuesta más por el romanticismo de la penumbra.
Mientras tanto, los vecinos conviven con la oscuridad, calles deterioradas y zonas escolares rodeadas de malezas. Un combo ideal para que el peligro esté siempre presente. Jóvenes y adultos que asisten a clases en horario nocturno deben caminar prácticamente a ciegas, y durante el día los niños tienen que compartir el entorno con un ecosistema que incluye desde yuyos altos hasta alguna que otra alimaña que claramente tampoco paga impuestos pero sí disfruta del abandono.

Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué el intendente no parece preocupado por todo esto? Evidentemente debe tener una agenda muy ocupada. Tal vez esté resolviendo asuntos de mayor urgencia… aunque los vecinos todavía intentan descubrir cuáles.
Y como si fuera poco, también está el pequeño detalle de la falta de agua potable que afectó a vecinos durante tres días, en plena temporada de altas temperaturas. Un lujo. Un servicio básico que, al parecer, también decidió tomarse un descanso. En esta historia también aparece la Cooperativa Eléctrica de Eldorado, que parece manejar tiempos propios.
Así están las cosas en 9 de Julio: vecinos que reparan puentes, calles que esperan milagros, oscuridad en los barrios y agua que a veces aparece y a veces no.
Pero tranquilidad… seguramente todo forma parte de un gran plan. Solo que, por ahora, el único que conoce ese plan parece ser el propio intendente.
Alejandro Duarte.

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